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PATIO HERRERIANO

 

La noción de territorio, sobre la que recaen muchas de las cuestiones más candentes en las iconografías contemporáneas, ha tenido y tiene un visible protagonismo en la programación del Museo Patio Herreriano, apuntalado por las condiciones históricas y actuales de Valladolid, un lugar con un enorme potencial para animar los debates entre centro y periferia y entre lo urbano y lo rural. La modernidad trajo consigo una reconsideración del territorio que se elevó sobre dos poderosos pilares, progreso y poder, gracias en buena medida a la llegada y consolidación del ferrocarril en las sociedades occidentales, un desarrollo del que fueron testigo muchos de los más célebres fotógrafos entonces activos.

 

La exposición "Valladolid-Ariza y la fotografía de obras públicas en el siglo XIX", concebida por el artista Ricardo González, plantea una doble mirada al papel jugado por el ferrocarril en nuestro país, basada, de un lado, en el asombro y la posibilidad de las primeras imágenes decimonónicas, y, de otro, en la melancolía y el declive de nuestro tiempo. La muestra combina material documental seleccionado por el propio artista, procedente de un nutrido conjunto de instituciones españolas, y su más reciente serie fotográfica, compuesta por una cuarentena de imágenes que recorren la línea ferroviaria que unía las localidades de Valladolid y Ariza y que cayó en desuso hace más de tres décadas, en lo que constituye la afirmación de la agonía de nuestras zonas rurales, que, como otras muchas en nuestro país, sufren todavía hoy los éxodos que ya narró, no hace mucho y en estas mismas salas, Alejandro S. Garrido en su serie Corea, situada en el desarrollismo de posguerra y las viviendas sociales construidas por Franco, que motivaron desplazamientos masivos del campo a la ciudad.

 

La exposición de Ricardo González se inscribe en un relato que pone de manifiesto las tempranas relaciones entre las imágenes y el poder, como se desprende de las imágenes decimonónicas que revelan la ambición propagandística del Estado. Y es también una evidencia de las no siempre prósperas consecuencias de una idea de progreso que produce notables desequilibrios en las sociedades de nuestro tiempo. De esto ya nos hablaron recientemente, desde diferentes posiciones formales, Irene de Andrés, Eva Lootz y el propio Alejandro S. Garrido.

 

Desde sus inicios el proyecto planteó un diálogo con la fotografía de obras públicas del siglo XIX. Se trata de articular y enlazar proyectos separados por el tiempo, pero conectados por una reflexión visual que explica las complejas condiciones de la mirada fotográfica, poniendo de relieve los elementos de anticipación e incluso predicción que tuvieron algunas líneas gráficas y visuales de la temprana fotografía del siglo XIX. La exposición establece el diálogo con cuatro repertorios dedicados al ferrocarril: Charles Clifford. Recuerdos del viaje de Isabel II a Valladolid, 1858; William Atkinson. Ferrocarril de Alar del Rey a Reinosa, 1855-57; Martínez y Cía. Ferrocarril de Segovia a Medina del Campo, 1884; y Auguste Muriel. Ferrocarril Madrid-Irún, 1864, trabajo al que se otorga especial importancia en la muestra.

 


 

 

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