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En la muestra, en la que además de volver a poder ver los dibujos que Joan Miró tanto admiraba, y que son patrimonio del Ayuntamiento de Valladolid, se ha querido analizar la figura a este vallisoletano universal, con una dimensión, más profunda, en la que puede contemplarse la importancia y la trascendencia profesional y mediática de Vicente Escudero en las décadas de los 20 a los 50 del pasado siglo. En la exposición se pueden ver también recortes de prensa nacional e internacional, programas de mano de los grandes teatros, una selección de documentales y películas en las que participo, sin olvidarnos de su vida, de su decálogo, de sus amigos y sus frustraciones.

 

Bailaor, bailarín, coreógrafo, pintor, escritor, cantaor, conferenciante, actor. Vicente Escudero fue un hombre del Renacimiento en pleno vanguardismo del siglo XX. Fue un bailaor excepcional que recuperó, las esencias del primitivo baile flamenco. Montó la obra cumbre de la música española: El amor brujo del maestro Falla. Gozó como pintor de la amistad y el respeto de los artistas que abrieron de par en par las puertas de la modernidad en las artes plásticas. Su prosa era amena y precisa. Pocos conocían el abanico de cantes flamencos como él. Como conferenciante, subyugaba por la seriedad de sus planteamientos y los rasgos de humor con que salpicaba sus charlas. Decía muchas verdades que no a todos gustaban. Como artista tenía ese magnetismo personal que distingue a los genios.

Era a la vez heterodoxo revolucionario y puritano ortodoxo. Defendía la pureza del flamenco primitivo al tiempo que interpretaba una seguiriya que etiquetó como “gitana”, pero que era un baile descaradamente cubista. En su día se dijo de él que era en el baile español lo que Picasso en la pintura y Falla en la música. Y lo fue.

Puso patas arriba los teatros de París y Nueva York. Asombró a los públicos de medio mundo. Y dio prestigio a escala universal al baile flamenco y a la danza española. Unos bailes y unas danzas que pocos conocían, porque los que ya habían tenido la oportunidad de ver los bailes denominados “flamencos” o “españoles” no habían encontrado otra cosa que panderetas, volantes y ¡olés!

Vicente Escudero (Valladolid, 1888 – Barcelona, 1980) actuó por los escenarios de todo el mundo. Su interpretación del flamenco era fiel a la pureza de la tradición, siguiendo con respeto la técnica y normas de este baile. En su Decálogo, que da a conocer en la sala “El Trascacho” de Barcelona en 1951, sienta las bases del baile flamenco puro.

Comienza a bailar siendo niño en Valladolid, y aunque su formación es totalmente autodidacta, son muy importantes las enseñanzas que recibe de Antonio de Bilbao. Siendo todavía un joven, se traslada a París y a partir de ese momento recorre los escenarios de Europa y América con su arte.

Pero Vicente Escudero no sólo dedicó al baile su capacidad artística, sino también virtió su talento en el cine, la literatura, la pintura y el dibujo. Así escribió libros como Mi baile, Pintura que baila y Arte flamenco jondo. La faceta de pintor es la que se quiere destacar en la muestra. Descubrimos que Escudero no es un pintor al uso; haciendo un paralelismo entre el baile y la pintura., Él declara “yo no sé ni dibujar, ni pintar, y estoy convencido de que esa ignorancia –que en mi propio arte, el baile, sería una terrible limitación- es la que me permite plasmar con toda libertad, sin trabas ni preocupaciones, mis ideas, por medio de esa forma de expresión que es el dibujo”.

A través de estos dibujos descubrimos a Vicente Escudero como un artista infrecuente y rompedor, un creador que para manifestarse necesita ver en su imaginación lo que luego pintará. No se detectan rasgos de enseñanza académica en sus obras, pero sus trazos denotan una gran capacidad para representar los movimientos, las coreografías, las actitudes de los bailarines, así como su sentido del color. Un dibujante sin técnica ni teoría. Un pintor de impulsos e intuiciones.

 

La exposición permanecerá abierta hasta el 27 de octubre.


 

 

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