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PATIO HERRERIANO

 

El proyecto expositivo Indeterminación de OSTERN consiste en catorce obras dispuestas en la Sala 0 del Museo Patio Herreriano en cuatro trípticos, rodeando al espectador desde los muros de la sala y formando parte indisociable de éstos merced a sus grandes dimensiones. Cada obra, excepto las del muro sur y norte, consiste en un gran rectángulo horizontal, vivificado por texturas densas y sutilmente variadas. La gama de colores utilizados a lo largo del conjunto se ciñe a tonos acromáticos y primarios desaturados.

Como señala el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid, Francisco de la Plaza Santiago, “Todos hemos jugado a curvar una cuchilla de afeitar progresivamente. A mayor presión mayor curvatura hasta que en un momento determinado rompe. Es un clásico ejemplo de paso de la continuidad a la discontinuidad que se incluye en una teoría llamada de fases. El universo es a la vez continuo y discontinuo –está hecho de rampas y escaleras, de partículas y ondas que se rigen por el azar y la necesidad según pensaron Monod y Heisenberg-, pero cada época prefiere subrayar los valores de integración –Minkowski y su continuum espaciotemporal- o los contrarios –Plank y los quanta-. Estéticamente surgen poéticas contrarias –el Modernismo prefiere lo fluyente, el Art Decó elige la fractura-. En el tiempo se puede hablar de periodos que subrayan lo quebrado frente a otros que potencian lo unitario. Los artistas del último gótico buscaron un repertorio de pliegues durísimos para los ropajes de sus figuras –Konrad Witz, Alejo de Vahía o el Maestro de Ávila-. En los comienzos del siglo XVII la escuela escultórica de Toro –Sebastián Ducete y Esteban de Rueda avanzan un procedimiento que desarrollará enseguida, en su etapa madura, Gregorio Fernández-. Su rigidez geométrica ha hecho pensar en pliegues metálicos encabalgando triángulos irregulares separados por cortes violentos. Ostern lleva tiempo elaborando experimentos en una tradición vinculada al cubismo analítico que se extendieron a la estereoscopia y a la tridimensionalidad a partir de la pintura. Ahora con materiales volumétricos nos ofrece un proceso de trabajo en el que el alea tiene un importante protagonismo. Surgen así inesperados objetos a partir de planchas de cartón torsionadas que, en un momento dado, se autorganizan como relieves en los que la oposición de llenos y vacíos, concavidades y convexidades, de volumetría y hueco, se ofrecen con una riqueza inagotable comparable a la que presenta la naturaleza en la tectónica de placas o en la fragmentación de los hielos polares. Ostern durante su etapa formativa en la Facultad de Bellas Artes de Bilbao tuvo como maestro a Agustín Ibarrola que en aquel tiempo trabajaba con cartones para mostrar las posibilidades infinitas de conectar lo positivo y lo negativo en su complejidad de ritmos y tensiones. Conectado con el Equipo 57 desarrolló la teoría de la interactividad del espacio plástico concretada en un manifiesto en el que se estudia cómo la forma, el color, la línea y la masa pierden su independencia en favor del contexto. En relación con las vanguardias históricas, es indispensable recordar propuestas como las de los constructivistas rusos –Tatlin y sus relieves de esquina, El Lissitzky y su espacio Proun, Pevsner y sus columnas desarrollables- así como el Merzbau de Schwitters. Un modelo de integración que provoca la inmersión del espectador en una vivencia completa procedería de la famosa capilla Rothko en Houston, verdadero santuario que lleva al contemplador a un límite de trascendencia. Un componente añadido sería la música indeterminada de Morton Feldman basada en la utilización intencionada del azar en la composición e interpretación. En ella, cada acorde va seguido de su reverberación; una vez esta se difumina, aparece el nuevo sonido. El silencio que los une se convierte en protagonista, hasta el punto de poder afirmar que ese nuevo sonido resultante no proviene del anterior. El espacio presentado debe incitar a la meditación al envolver al visitante con un friso continuo de elementos plásticos subrayados por los efectos de luz cambiante combinados con el sonido para que evoquen una comunión con las fuerzas continuas y discontinuas que incesantemente animan el universo”.

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco. Jesús Martínez OSTERN nace el 9 de Junio de 1961 en Valladolid. Como se apuntaba anteriormente, ha realizado la especialidad de Pintura dirigida por el artista vasco Agustín Ibarrola en la Facultad de Bellas Artes de Bilbao (1980-1985). Cursó estudios de Doctorado en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid (1988-1990), obtuvo el XIII Premio Blanco y Negro (Madrid, 1994), Medalla de Honor en el Premio BMW de pintura (Madrid, 1995, 1997, 1999), Premio de Pintura en la II Bienal Internacional de Arte Contemporáneo Ciudad de Florencia (Italia, 1999) o el Premio Provincia de Valladolid de Artes Plásticas (1992), entre otros.

Esta es la quinta exposición de artistas locales que este año se presentan en el Museo de las ocho muestras de creadores vallisoletanos que podrán contemplarse.

La muestra se podrá visitar hasta el domingo 26 de agosto de 2018, siendo la entrada gratuita.


 

 

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